Protocolo Servicio

Las 3 piedras fundamentales del servicio

Si piensas construir una casa de virtudes, primero debes echar profundos cimientos de humildad” San Agustín.

La persona humilde reconoce que es lo que es, porque la Gracia de Dios actúa en él. La confianza en Dios es la primera característica de una persona humilde, y la humildad es una de las características del servicio a Dios, ya que cuanto más uno aprende a depender del Creador, más reconoce que su tarea debe hacerse con plena humildad. Entendamos que la humildad no es pensar menos DE MI sino pensar menos EN MI.

El orgullo fue el principal problema que encontró Jesús para preparar a sus discípulos. Los apóstoles eran personas que se preocupaban solo de ellos, querían satisfacer sus propios intereses, pasaron mucho tiempo discutiendo sobre quién era el preferido por Jesús. Un verdadero servidor necesita tener amor, sin importar la posición porque de todo lo que pueda hacer quizás no tenga recomensa material, pero el servicio nace de un corazón agradecido. Agradecido por la obra de la Cruz, agradecido por la restauración de su corazón, agradecido de poder colaborar en el servicio de su Iglesia. Si el agradecimiento fundamenta nuestro servicio, estaremos alegres a pesar de las circunstancias.

No debemos olvidar nunca que todo lo que hacemos, lo hacemos por Él y para Él, eso requiere lo mejor de nosotros, que aún lo insignificante que pueda llegar hacer, debemos hacerlo con excelencia y dando lo mejor de cada uno.

Un verdadero servicio comienza en la intimidad con Dios, de lo contrario todo lo que podamos hacer sonara hueco y sin sentido. Estar en su presencia antes, durante y despues de un servicio nos prepará para superar los contratiempos.

Humildad, agradecimiento e intimidad con Dios. Las tres piedras necesitan estar juntas para sostener el servicio que día a día damos a Dios y a la Iglesia. Ninguna por sobre otra, las tres juntas son la base fundamental.

Stella Hiriart

Ministerio de Protocolo